Científicos españoles propusieron utilizar el mecanismo de créditos de carbono para la restauración parcial del mar de Aral, convertido en el epicentro de uno de los mayores desastres ecológicos del siglo XX. El estudio, publicado en la revista Science, muestra que el lecho seco del antiguo cuerpo de agua se ha convertido en una fuente significativa de emisiones de dióxido de carbono y que ya ha liberado a la atmósfera cientos de millones de toneladas de CO₂.
Según las estimaciones de los investigadores, dirigidos por Rafael Marsé, del Centro de Estudios Avanzados de España, desde la década de 1960, cuando comenzó la desviación intensiva del agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria para el riego de campos de algodón, el mar de Aral ha liberado a la atmósfera alrededor de 748 millones de toneladas de CO₂. Esta cifra es comparable a las emisiones anuales conjuntas de países como España, Francia y Bélgica. Además, según señalan los científicos, en el futuro podrían liberarse otros 605 millones de toneladas.
El estudio cambia la percepción tradicional sobre los cuerpos de agua en proceso de secado. Normalmente, los lagos se consideran sumideros de carbono, pero cuando se secan, la situación se invierte. Al desaparecer el agua, los sedimentos del fondo entran en contacto con el oxígeno, se activan microorganismos que descomponen la materia orgánica y se libera CO₂ a la atmósfera. Este proceso, subrayan los autores, no es exclusivo del mar de Aral, sino que también ocurre en otros cuerpos de agua que se están secando en todo el mundo, desde el lago Urmía, en Irán, hasta el Gran Lago Salado, en Estados Unidos.
El equipo español realizó investigaciones de campo en 2022, recogiendo muestras de suelo a medida que avanzaba desde la línea de costa hacia el centro del antiguo mar. El análisis mostró que las áreas recién secadas contienen más carbono orgánico y, por lo tanto, tienen un mayor potencial de emisiones. Esto permitió reconstruir la dinámica de las emisiones durante las últimas décadas.
Una de las conclusiones clave del trabajo fue que los proyectos de forestación del lecho seco, implementados activamente en la región, prácticamente no afectan la absorción de carbono. Según Marsé, la única forma efectiva de detener las emisiones es volver a cubrir estas áreas con agua.
Para ello, los científicos proponen utilizar el mecanismo de créditos de carbono. La esencia de la idea consiste en evaluar las emisiones evitadas como un activo económico y atraer así financiamiento internacional. El valor potencial de dichos créditos se estima en un rango de entre 3.100 y 15.800 millones de euros. Estos fondos podrían cubrir los costos de modernización de la infraestructura de riego, donde hoy se pierde hasta el 90% del agua.
Según los cálculos de los autores, una inversión de alrededor de 8.500 millones de euros permitiría restaurar hasta la mitad del área del mar de Aral respecto al nivel de 1960 y, al mismo tiempo, generar un volumen significativo de créditos de carbono. Los científicos reconocen la controversia del propio mecanismo, que a menudo es criticado por su falta de transparencia, pero consideran que en este caso su aplicación podría estar justificada.
El trabajo también plantea una cuestión más amplia sobre la contabilidad ambiental en Asia Central. Tradicionalmente, las tierras agrícolas de regadío se consideran sumideros de carbono, pero si se tiene en cuenta su contribución al secado del mar de Aral, el balance general podría resultar negativo. Esto, según los autores, exige una revisión de los enfoques utilizados para evaluar el impacto climático de la región.



