Fuentes de la Administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informaron a periodistas de The Wall Street Journal de que Washington envió en secreto a Irán unas 6.000 terminales Starlink para que los participantes en las protestas pudieran acceder a Internet. La información del medio estadounidense es citada por Kommersant.
Según representantes de la Casa Blanca, la decisión se tomó después de que, en medio de las protestas que se extendieron por todo Irán, las autoridades de la república islámica cortaran el acceso a la red. Gracias a las terminales, los manifestantes podían coordinar sus acciones y evitar los bloqueos impuestos por el régimen.
Se afirma que el Departamento de Estado estadounidense compró a la compañía del empresario Elon Musk 7.000 terminales Starlink. Para esta transacción, además, se destinaron fondos previamente asignados a otros proyectos de apoyo en Irán. Las fuentes subrayan que Trump estaba al tanto de la operación.
Las autoridades iraníes han acusado en repetidas ocasiones a Estados Unidos de organizar las protestas a gran escala en la república islámica. Sin embargo, no se han presentado pruebas de injerencia externa. Washington, por su parte, ha negado cualquier vínculo con las manifestaciones.
Los medios recuerdan que la posesión de terminales Starlink en Irán está estrictamente prohibida y puede conllevar penas de prisión de varios años. No obstante, según activistas locales, decenas de miles de ciudadanos poseen este tipo de equipos, lo que les permite eludir los bloqueos de Internet aplicados regularmente por las autoridades.
El pasado 15 de enero, en medio de la tensión en el país, a petición de Estados Unidos se celebró una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Representantes de Naciones Unidas y de varios países occidentales (EE. UU., Reino Unido y Francia) acusaron a Teherán de reprimir sangrientamente las protestas, asegurando que hubo miles de víctimas y detenidos, y exigieron el fin inmediato de la violencia. Irán, con el apoyo de Rusia y China, rechazó las acusaciones y afirmó que Washington utiliza el argumento de los derechos humanos como pretexto para interferir en los asuntos internos de un país soberano y preparar el terreno para un ataque militar, intentando al mismo tiempo ocultar su implicación directa en los disturbios.
Las protestas masivas en Irán comenzaron el 28 de diciembre de 2025, cuando comerciantes de los bazares de Teherán cerraron sus tiendas ante la amenaza de quiebras. A los empresarios se unieron rápidamente sus clientes y, después, una parte significativa del estudiantado, el grupo más políticamente activo del país.
Las manifestaciones surgieron como reacción a la crisis económica. Sin embargo, las autoridades impulsaron la versión de una injerencia externa, culpando a EE. UU. e Israel. Poco después, Internet fue cortado en toda la república. Aun así, en la red circularon imágenes que mostraban la brutalidad de los miembros del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica al dispersar las protestas, acompañadas de arrestos masivos.
Según datos de las autoridades iraníes, en los enfrentamientos murieron 3.117 personas, entre ellas 2.427 civiles y miembros de las fuerzas de seguridad, así como 690 “terroristas”.
Cabe señalar que las cifras de víctimas varían según la fuente. Organizaciones de derechos humanos informaron de unas 5.000 muertes, mientras que otras estimaciones —citadas por CBS— elevan el número real de fallecidos a más de 20.000, lo que convertiría los actuales disturbios en los más sangrientos de la historia de la república islámica.



